El mes de septiembre de 2006, cuando el Futbol Club Barcelona selló con Unicef su entendimiento solidario, se establecía uno de los compromisos más alentadores e importantes de la historia de la entidad.
Un acuerdo de aquellas magnitudes no es nada sin resultados tangibles. Resultados que llegan poco
más de un año después y que se sitúan a 8.000 kilómetros de distancia de Barcelona, en Swazilandia.
Una comitiva del Futbol Club Barcelona formada por el presidente Joan Laporta, el directivo Rafael
Yuste y representantes de la Fundación pudieron testificar que detrás de aquellas rúbricas
estampadas aquella tarde a la sede de las Naciones Unidas de Nueva York hay surgido pozos,
letrinas, aparatos médicos y, sobre todo, esperanzas.
La expedición del FC Barcelona tuvo
la oportunidad de conocer a los protagonistas de historias realmente crudas. La comitiva se acercío
a algunas de las aldeas de las zonas rurales, donde, bajo la atmósfera tranquila de las montañas
africanas, se descubren verdaderas historias de supervivencia que no dejan a nadie indiferente. Es
el caso del Moses, un niño de 9 años que reside muy cerca del Centro de Apoyo Comunitario de
Mbangarwe. Moses vive con su abuela y es huérfano. Su madre murió cuando aún lo estaba amamantando,
y su padre murió pocos meses después. Él también tiene el sida y, gracias a la ayuda del Fútbol
Club Barcelona, ya está recibiendo tratamiento antirretroviral.
Siyabonga. Ésta es, tal vez, la
consigna del viaje. Quiere decir ‘gracias' en swazi, la lengua oficial de Swazilandia, y era
lo que transmitían las miradas de los nativos cuando el presidente los dijo: “No estáis
solos, hay un club que piensa en vosotros”. Representantes de la zona aseguraron que esta
ayuda les permite adquirir bastante fuerza para salir adelante en la batalla contra el sida. Una
batalla que no sólo se gana con dinero. Aquí también son necesarias las almas, y el Futbol Club
Barcelona aporta un ejército de más de 160.000.